Feeds:
Entradas
Comentarios

Cigarro

“El tabaco es cordial, fraternal, sencillo. En las penosas horas de trabajo nocturno nos acompaña y nos conforta, porque posee una pequeña vida que Dios no concedió a las otras cosas inertes que nos rodean: los retratos mudos de los abuelos, las sillas tiesas sobre sus patas, los libros enfilados en el estante, el lecho solitario y blanco que descansa en una esquina. Nada se mueve, nada habla. Sólo el cigarro, colocado con la ceniza hacia arriba sobre el tintero, despide ligeras espirales móviles, inquietas, que nos hacen guiños minúsculos. Sabemos que algo palpita ahí, que una diminuta alma encendida se consume junto a nosotros y pasará. ¡Pero esos retratos no pasan nunca y esas sillas estarán siempre ahí! Este medio cigarro que nace y muere, y es efímero, está más cerca de nosotros que todo aquello eterno. Es un resumen infinito de nuestra vida. Por eso nos consuela y nos acompaña.

No fuméis, amigos míos. Pero, ¡oh, cuán angustiosa y demasiado sola será vuestra soledad!”

 

Luis Tejada, “Humo”, en Libro de crónicas, Bogotá, Norma, Colección Milenio, 1997, pp. 69-70.

Anuncios

Música

“Odio la música –dice con voz más elevada y ronca: la primera vez en toda la noche que sus palabras delatan una emoción–. Odio ese lenguaje armonioso, incomprensible para mí, que ciertas personas utilizan para charlar, para decirse cosas inefables que no corresponden a regla alguna, ni a ninguna ley: sí, a veces pienso que todo lo que se expresa a través de la música es maleducado e inmoral. Cómo se transforman los rostros cuando están escuchando música. Krisztina y tú no perseguíais la música, no recuerdo que tocarais juntos, a cuatro manos, y nunca tocaste nada para Krisztina al piano, por lo menos en mi presencia. Parece que el pudor y el tacto impidieron que Krisztina escuchara música junto a ti en mi presencia. Y como la música no tiene ningún significado que se pueda expresar con palabras, probablemente tenga algún otro significado, más peligroso, puesto que puede hacer que las personas se comprendan, las que se pertenecen no sólo por sus gustos musicales, sino también por su estirpe y su destino.”

Sándor Márai, El último encuentro, Barcelona, Emecé, 1998, p. 158. Traducción de Judit Xantus.

Partes

“Yo no podré afirmar si la dulce mi enemiga gusta o no de que el mundo sepa que yo la sirvo. Sólo sé decir, respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide, que su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad por lo menos ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura, sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas”.

 

Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Lima, Santillana Ediciones Generales, Punto de Lectura, 2008, capítulo XIII, p. 115. Edición de Francisco Rico.

Agua

“27 de octubre de 1976. Estambul. Cerca del puente, en la parte europea. En pleno mediodía la densidad humana es casi insoportable. Miles de caras arriba y abajo. ¿Cómo fijarse en una? Pero de pronto me quedo paralizado observando una de ellas. Es un viejo muy delgado, tanto, que casi se confunde con el zócalo en el que se apoya. Es un vendedor de agua. A sus pies, a la sombra de un tenderete, tiene su mercancía. Casi nadie lo mira. Los que lo miran creo que ni siquiera lo ven. No tiene importancia alguna. Es un rostro del pasado. A mí, no sé por qué razón, me parece que en esto estriba su poder, su enorme poder, circunstancia que ya he apreciado en otras ciudades ante otros vendedores de agua. El vendedor de agua no vende solamente agua, sino que ofrece el hilo invisible que mantiene unidos los milenios.”

 

Rafael Argullol, “La crisálida”, en Visión desde el fondo del mar, Barcelona, Acantilado, 2010, p. 339.

Erudición

“Es primordial que lancemos una ojeada a la ‘filología’ y al ‘sistema germánico’. Hablando como historiador, ‘podríamos’ decir que este sistema fue creado para inhibir el pensamiento. A partir de 1848 se observó en Alemania que algunas personas pensaban. Era necesario reprimir tan perniciosa actividad. Entonces se concedió a los pensadores un huevo de porcelana, con la etiqueta de ‘erudición’, y se les fue, poco a poco, volviendo ineptos para la vida activa o para cualquier contacto con la vida en general. La literatura fue tolerada como materia de estudio. Y su estudio fue concebido de tal manera que alejase el espíritu del estudiante de la literatura y lo dirigiese a la nada.”

 

Ezra Pound, “Relatividades afectuosas”, en Introducción a Ezra Pound. Antología general de textos, Barcelona, Barral Editor, 1973, p. 93. Traducción de Carmen R. de Velasco y Jaime Ferrán.

Rector

“Aquellos profesores que consideraban su ‘materia’ como un ejercicio manual, alcanzaron muy rápidamente cargos de responsabilidad ejecutiva (uno de estos casos es ahora Rector). En cambio, aquellos otros que tenían una aptitud natural para entender a los autores y para comunicar una sensación general de bienestar ante las obras literarias, permanecieron, oscuramente, en puestos menos destacados.”

 

Ezra Pound, “Cómo leer”, en Introducción a Ezra Pound. Antología general de textos, Barcelona, Barral Editores, 1973, p. 86. Traducción de Carmen R. de Velasco y Jaime Ferrán.

Luna

“Un jirón de nube negra

atraviesa por la mitad

tu desvaído círculo,

como un mechón de cabello

que cayera sobre tu cara,

luna desgreñada.

 

Y, ¡caramba!, qué mal color tienes,

pálida luna jipata.

 

¿Dónde estuviste metida

todo el non sancto día,

que ahora te apareces por la noche

con tan horrible facha?

 

¿En qué antro perdido

de los arrabales del Universo

te desenfrenaste en excesos tales

que con sórdido aspecto

regresas a mi habitación,

decadente luna sin órbita?”

 

Joaquín Mattos Omar, “Luna decadente”, en Los escombros de los sueños, Bogotá, Icono, 2011, p. 41.